El solarpunk es un género literario utópico, una visión para el siglo XXI, una sensibilidad. También una llamada al optimismo, si, porque no podemos estar todo el día aplastadxs por la ansiedad climática, bélica, económica… Si no tenemos una visión por la que luchar, simplemente un día dejaremos de hacerlo. Esto significa que las utopías son importantes. Que no es perder tiempo imaginar el mundo que queremos. Más bien, es el primer paso para hacerlo real.
Y sin embargo, estamos rodeados de historias pesimistas, previsiones catastróficas. De ciencia ficción distópica y tecnocapitalista. Y toda esta proyección tóxica parece ir materializándose a nuestro alrededor… Este es el problema al que se enfrentaban lxs escritorxs y artistas que dieron origen al Solarpunk. ¿Qué pasa si cambiamos de rumbo e imaginamos la utopía?
Así, donde la literatura cyberpunk impone futuros sin igualdad ni libertad, en los que la biosfera ha sido destruida para dejar paso a tecnologías de opresión cada vez más monstruosas y antihumanas, el solarpunk propone un mundo en el que la naturaleza y la sociedad humana viven en armonía. Y ojo, que esto es más futurista y no menos. Porque en vez de simplemente perpetuar el capitalismo, imagina tecnologías rompedoras de verdad, que nos unen en vez de desconectarnos, que nos apoyan en vez de dominarnos. En fin, un futuro que el capitalismo no puede darnos.
Cambiamos el cyber por el solar, la vigilancia por la energía limpia y la reciprocidad. Redes locales de energía solar comunal, arquitectura bioclimática, materiales regenerativos, huertos urbanos, fediversos open-source, democracia digital descentralizada… Y el punk en solarpunk no es solo una pose. Es la rebelión contra el capitalismo fósil, la cultura de la escasez artificial, las ciudades inteligentes que no nos dejan decidir nada. Es el rechazo al cinismo y al pesimismo que impulsa a los poderosos.
¿De dónde sale todo esto? Solarpunk y ecotopías.
El término Solarpunk apareció en 2008 y creció en blogs y foros hasta convertirse en una comunidad global. En 2014, el Notes Towards a Manifesto de Adam Flynn y la estética soñadora de Olivia Louise en Tumblr dieron forma a un lenguaje visual lleno de vegetación, paneles solares, bicicletas, edificios vivos y redes comunitarias.
Pero el género hunde sus raíces en obras que, décadas atrás, ya cuestionaban el progreso destructivo del capitalismo. Ursula K. Le Guin, autora anarcofeminista, ya sentó las bases con Los desposeídos (1974), al explorar Anarres, un planeta donde la tecnología sirve al bien común y no al lucro. Poco después, Ernest Callenbach publicó Ecotopía (1975), una utopía ecológica donde el noroeste de EE.UU. se independiza para crear una sociedad basada en energías renovables, reciclaje y democracia participativa, anticipando debates actuales sobre decrecimiento y bioeconomía.
Pero la gran novela ecotópica del presente es El Ministerio del Futuro de Kim Stanley Robinson. Un híbrido de ficción y ensayo que narra la creación de un organismo internacional —el Ministerio del Futuro— tras una ola de calor que mata a millones de personas en India.
La trama sigue a Mary Murphy, una diplomática irlandesa que negocia con bancos centrales para implementar medidas radicales, y a Frank May, un activista traumatizado que se une a un grupo ecoterrorista. El libro contiene algunas ideas muy solarpunk como:
- Carboncoin: Una criptomoneda respaldada por CO₂ no emitido, que redefine el sistema financiero global.
- Prohibición de vuelos comerciales: Una medida impopular pero necesaria para reducir emisiones, que refleja el conflicto entre bienestar inmediato y supervivencia a largo plazo.
- Geoingeniería: Bombear agua bajo glaciares para frenar su deshielo o inyectar partículas reflectantes en la atmósfera, siempre con resultados ambiguos.
- Agricultura regenerativa: Reforestación masiva y rewilding para secuestrar carbono.
Desde el optimismo solarpunk a la crisis climática de Stanley Robinson, estos títulos no pueden faltar en la estantería de cualquier activista que tenga el optimismo necesario para querer salvar el mundo y el realismo necesario para poder hacerlo.



